Cruel Amor


Vienen tus ojos, como un fantasma, a la noche turbia donde estoy.
Tiemblan la luna y las estrellas,  y en mi ventana gime el dolor.
Como un bote sin luz ni dueño, ayer,  de pronto se fue el amor
y trae la brisa, entre sus alas, indolente, aquella canción.
La lluvia en las hojas de los árboles parece el llanto de un viejo acordeón.

Grieta visible, por donde se  escapan las notas tristes del corazón,
es el silencio, que cava, terco,  la misma tumba donde ayer  tu adiós enterró el amor.
Yo no entiendo porque el olvido se hace lento en esta gris habitación.
A veces el recuerdo arranca de mis latidos algo de miel
Y de pronto viene la herida vieja sangrando hiel.
Juego de luces allá a lo lejos. Habla el dolor.
Fuiste tú sola, la heredera de lo que antes llamé amor.

Y tantas veces bajo esta luna te di mis versos, te di mi voz.
Y tantas veces bajo la lluvia maldije fuerte tus tercos ojos, tu terco adiós.
¿Qué hice más que solo amarte? ¿Qué hice menos que juzgarte?
¿Qué te cambio? ¿Qué nos quebró?
Tal vez allá en esos brazos tengas algo más de lo  que te di yo.

Hoy solo quiero dejar que hable hasta el cansancio mi corazón.
Y la hoguera de penas viejas y el mar de luto que hasta ayer fui yo
pierdan las fuerzas y acaben lejos de estos versos y mi canción.
Y aquí mi cruz y mi calvario cantarán el antes y el después

de esta historia  repetitiva  de sed errante y cruel amor.